miércoles, 11 de mayo de 2016

Por mas hombres y menos Machos

Tengo una opinión fundada en relación al “MACHO Argento”, aunque lo de “Argento” lo uso sólo para hacer hincapié en la idiosincrasia argentina, que es la que me resulta familiar, porque podría apostar que MACHOS, MACHOS ALFA los hay en cualquier lado.

El MACHO Argento, ALFA, líder de Manada o Macho a secas para abreviar, necesita de otros Machos para poder vivir en comunidad, y entre ellos se arengan, se felicitan y se elogian a la que vez que se envidian sus conquistas.

El Macho vive para el ojo del otro Macho en un estado salvaje, guardando las formas en apariencia, para el resto la sociedad, que lo cree un hombre correcto e incapaz de comportarse grosera e indebidamente.

Es fácil detectar al Macho Argento, su discurso se basa en excentricidades y exageraciones, es egolatra, pero sobre todo, tienen una inmensa necesidad de demostrarle al otro Macho su superioridad varonil. Tienen otro vocabulario frente el resto de la manada, que es vulgar, básico, y primitivo. Y suprime de su diccionario cualquier palabra que pueda poner en evidencia su corazón y su sensibilidad.

El ALFA, habla de sus conquistas sexuales y las comparte, las publica, las envía por correo, whats app, las muestra, las divulga a viva voz entre la comunidad del Macho. Y ahí los ves, haciéndose la palmadita en la espalda ante la foto de esa compañera de trabajo que sin querer se agachó y justo estaba el macho con la cámara en mano.

Y ahí lo tenes al Macho Argento, desesperado por la foto en bikini de la vecina de enfrente, boludizado con el pantalón blanco de la mesera, y enceguecido por la cajera del banco que todos los días se pone un escote. Porque el Macho no ve mujeres, ve un culo en un pantalón blanco, y ve tetas en la fila de un Banco.

Pero sobre todo, el Macho cree que es Macho, y no es más que la versión arcaica de si mismo…cuando queda al desnudo es tan solo un hombre, un hombre común con un potencial inmensurable para amar.

Necesitamos más hombres y menos machos.

Lolita

martes, 5 de junio de 2012

Bajo la influencia de mis hormonas


Sabía que el día que volviera a escribir en Lolita, sería movilizada por mis hormonas.  Y como catarsis necesaria, aquí estoy de vuelta en una suerte de honestidad brutal, un  mea culpa a las alteraciones femeninas. Es probable que si llevara la bitácora de viaje de mi vida, seguramente resumiría mis grandes conflictos reducidos a simples momentos de transformación hormonal.
Si.  Soy hormonalmente inestable, lo que puede traducirse a temperamentalmente inestable, o simplemente hormonalmente temperamental. Soy víctima de mis hormonas, pues si mi cerebro controla lo que hago y digo, y mi inconsciente controla lo que pienso y no hago, entonces mis hormonas directamente hacen lo que quieren conmigo.
Afortunadamente, hoy en día, esta socialmente aceptado. O bien, es una excelente herramienta para excusarse en el mundo femenino, y por lo general los hombres  lo aprueban, y entre nosotras está más que claro. Así es como una va por la vida con la ventajosa advertencia, “¡Mira que estoy indispuesta!”, lo que genera una reacción casi mágica! Inmediatamente luego de esa frase las facciones en el otro se relajan y hasta uno tiene la sensación de que dejaron de oírnos, oportunidad en la que nosotras arremetemos y nos despacharnos de peleas, gritos, llantos y embroncadas.
Lo importante es que una sepa en qué momento del mes se encuentra y trate el tema con la misma naturalidad y desenvoltura con que lo hacen los hombres cuando lo advierten: no darle importancia. Y nunca bajo ningún acontecimiento dejar de advertirles a nuestros interlocutores que nos encontramos bajo la influencia de nuestras hormonas.  
Somos  temperamentalmente inestables cuando, sin necesidad aparente,  iniciamos una discusión  y además hurgamos en nuestra mente buscando los motivos para iniciarla, cuando damos por sentado que nuestra pareja nos va a dejar, y seguro porque tienen una amante que es mucho más linda. Cuando el mismo jean del día anterior que creíamos que nos quedaba para el crimen hoy nos hace gordas, cuando nos vemos ojeras y no las maquillamos a propósito! Cuando lloramos, por nada, pero por nada, nada de nada! Cuando nos volvemos crudas para decir las cosas… cuando DECIMOS las cosas.   
Por suerte para nosotras y la salud mental del que nos rodea, son pocas días al mes, con lo cual es una buena explicación una vez más, de que la naturaleza es sabia, si durara un tiempo superior a lo prudencial una quedaría aislada complemente del mundo civilizado, en una suerte de refugiadas femeninas, todas juntas, arrancándonos los pelos y apartadas de la sociedad.
Siempre hay algo ventajoso,  o por lo menos así lo veo yo, estos estados nos libran de toda culpa, “no fui yo, fueron mis hormonas”, les damos a “ellas” identidad y nos escondemos de nuestros dudas y temores. Los “ovarios” está en  tener la valentía de volver a soltar lo que pensamos los días en que volvemos a la normalidad.    
Lolita

miércoles, 15 de febrero de 2012

El amor en los tiempos de Facebook


Muchos rumores se hablaron sobre mi falta de novedades en el blog, y lo cierto es que además de no tener tiempo, algunos acontecimientos a principios del año pusieron a Lolita en una crisis existencial, que creo recién ahora estaría superando. 
Todo empezó cuando aquello que pensé que estaba relegado y vedado para mi, que era imposible; el regalo que Papá Noel dejó olvidado, el hombre que temía que dejara su cepillo de dientes, el que no quería que cambiara mis hábitos, ése que necesitaba que sea perfecto… Ese mismo,  un día apareció y lo hizo sin previo aviso. Me enamoré, intensa y profundamente y  además no lo hice de la persona equivocada.
Así, como inesperadamente nacía un amor, en ese mismo instante parecía morir Lolita. Ahí surgía  el conflicto, cuando empecé a sentir que podía dejar de ser una  mujer descorazonada, y que dejar de serlo significaba el fin de mi blog, ¿El fin del resentimiento?
Casi lo tenía resuelto, ya me había dado por vencida, había dejado a Lolita olvidada en el baúl de los recuerdos, cuando descubrí que enamorada y con el espíritu decidido, no dejaba de vivir descorazonada, pues entones Lolita nunca podría haber sido una mujer.
Hay centenares de cosas que, aún en la felicidad plena, logran sacar a una mujer de su etapa de mariposas volando. Pero hay una que tiñe de amargura la dulzura del amor encontrado y son los celos, pero los irracionales, los celos innecesarios. No me hablen de inseguridades, es mucho más profundo que un problema de autoestima. Es posesión ¡Ah si! Y las mujeres  hacemos  un Master al nacer en cuestiones de posesividad. Es mío y que ni siquiera se atrevan a tocarlo. Lo tengo yo y ni piensen que lo voy a soltar.
Hasta hace unos años, la angustia solo se limitaba a padecerla en alguna fiesta o evento en donde tenias que aguantar la ganas de tacklear a la rubia del vestido floreado que le convidó una copa, o aquella de pelo suelto que baila y se acapara todas la miradas. Pero hoy mujeres, hoy estamos perdidas. Facebook pone a prueba, día a día, nuestros celos.
Todo se comparte, todo se etiqueta ¡¡Todo se ve!!!  Sabemos a ciencia cierta el porcentaje de incidencia de mujeres entre sus contactos. Las tenemos contadas, y si aparece alguna nueva, quiera el destino que su perfil sea público y poder sacar mejor las (absurdas e inventadas) conclusiones.   
Tenemos ubicadas a las “comentaristas de estados por deporte”, a las “comentaristas aburridas” y seguimos de cerca a ésa que le comenta y que “le gusta” todo lo que se publica. ¿Quién es? ¿Una compañera de trabajo, y por qué te agregó?;  ¿Y por qué agregaste a la de bikini? Una foto de perfil en bikini, seguro la cambió ayer ¿Qué quiere?; Y esa foto? No me contaste que ayer salías,  ¿Esos son tus amigos? ¡Son todos piratas!; ¿Y ese comentario? ¡Qué tenes qué comentar la foto de esa!
Por suerte la mitad de las veces, todo esto sólo lo pensamos, y limitamos el comentario a un tímido ¿Ah si  te agregó? No, no la vi, ¿Y quién es?... Que no lo sepan, nunca pueden enterarse que  tenemos su Facebook intervenido, que registramos cada acontecimiento en su muro y que no perdemos detalle de sus movimientos ciberespaciales.  
Tenemos que acostumbrarnos a sobrevivir a los celos. Lo que no podemos ver, las redes sociales te lo muestran, y si no queremos verlo, también te lo muestran.  Es una nueva forma de vida: Él, yo y lo que pasa en Facebook… Mi amor, su amor y mis celos descabellados.
El amor y la irracionalidad son amigos inseparables, no me pidan que estando enamorada sea racional. No se puede, por lo menos yo, que soy una mujer descorazonada, vivo las cosas tan intensamente que rozan el filo de la cordura. Vivo el amor, y el miedo a perder ese amor con la misma energía.  
Lolita sigue su rumbo entonces, el de escribir lo que pasa por el corazón de una mujer descorazonada, que también puede ser una mujer enamorada, pero que con seguridad será sensiblemente apasionada.    
Lolita

jueves, 5 de enero de 2012

El síndrome del nido lleno


Le tengo fobia al jabón con pelos, a la tabla del baño levantada y al lado preferido de la cama. No quiero compartir el ropero y mucho menos donar cajones. Tiemblo al ver dos cepillos de dientes juntos, me niego a diferenciar los objetos entre rojo y azul y no quiero saber en dónde está guardada la ropa interior de otra persona.
Pasar mucho tiempo con uno mismo nos hace, en cierta manera, inflexibles e intolerantes. Me di cuenta que en todo este tiempo me fui convirtiendo progresivamente en la mujer de las cavernas de plena City y cada día acepto menos que se alteren mis planes o mejor dicho modifiquen mis propias reglas.
Aún me queda larga vida, pero dicen que a medida que nos ponemos viejos, nos vamos pareciendo más a uno mismo. Pues entonces yo de niña habré sido un poco intolerante, un poco fóbica y un poco mañosa, porque ahora lo soy del todo.
En rigor de un buen análisis, como cada situación en la vida, existen  ventajas y desventajas. Por supuesto vivir sola no escapa a estas clasificaciones, y hay determinadas cosas que para mi que son terribles:
Sola no como sandía. Si, parece ridículo, pero salvo que este en plena dieta de frutas y líquidos, no voy a comprar una sandía para mi sola. Se pone fea, y  la tengo que terminar desechando lo cual es una injusticia, sé que puedo comprar media sandía, lo sé, pero odio tener que estar obligada a comer algo sólo para evitar que se eche a perder. Me hace sentir peor, me hace sentir más sola. Conmigo las promociones por kilo no sirven. Compro por unidad.  Un tomate; un durazno; dame una planta de lechuga, la más chica, ¿Mas chica?
Otra cosa insoportable de vivir sola es que no tenes a nadie que te alcance un toallón si ya estás en la ducha. Es horrible, en verano bueno ¡Pero en invierno! Salir desnuda y mojada a buscar la toalla es definitivamente un acto de coraje, y de ridiculez obviamente, si alguien estuviera viéndonos desde afuera. Esto me hace pensar la tercera desventaja, y es que no hay nadie para echar culpas, si no hay papel en el baño la culpa es tuya, si te olvidaste la toalla también, si pateaste un trasto en el  medio del living y te quedo el dedo gordo latiendo es porque vos lo dejaste tirado.
No hay con quien hablar, obviamente, pero peor que eso, no hay con quien discutir. Y sin discusión no hay reconciliación. Además ya estoy cansada de pelearme conmigo misma, no me aguanto y si no fuera que soy mujer, algunas veces me daría algunos sopapos.
Sin embargo, también hay cosas de la convivencia unipersonal que son únicas. Y por lo tanto se disfrutan. Horarios flexibles, comida flexible, claro, todo es flexible porque es uno mismo con sus propias reglas. No rindo cuentas a nadie, no doy explicaciones de mi tiempo perdido y pongo el canal de televisión que a mi me gusta. Duermo en el medio de la cama y si quiero me destapo y si no quiero duermo con cinco frazadas. Hago sonar el despertador nueve veces antes de levantarme y tardo lo que se me antoje en la ducha. Desayuno hasta las dos de la tarde en la cama, y el domingo no me baño.
Algunas personas le temen abandonar su casa de la infancia e independizarse, y parece un miedo mas entendible, la gente lo ve lógico y hasta lo consideran una cuestión de instinto: “abandonar el nido es movilizante”.
¿Pero cuando el nido, es el propio nido que uno se armó para si mismo? Ahí los quiero ver. Compartir la vida con otra persona no es moco de pavo, siguiendo con el sentido avícola de la cuestión, y yo tengo demasiado trabajo compartiéndome y aguantándome a mi misma como para tener que estar en la vida de otra persona. Ni pensar que el reloj biológico llama y tener que hacerlo con un tercero.
Si abandonar el nido es movilizante, entonces formar un nuevo nido, a mi entender, es estresadamente paralizante.
Lolita 

lunes, 26 de diciembre de 2011

Mi regalo de Navidad esperado


Las Fiestas son una época siniestra, hermosa, pero siniestra. Fecha de permitidos, alboroto, cansancio y euforia.  La billetera a la orden del día y una promiscua relación con la tarjeta de crédito.
Tiempos en donde uno se siente impune para hacer lo que quiera. Si estamos nerviosos, es por las Fiestas y si saludamos y deseamos felicidad a mansalva, también es por las Fiestas. Corridas, gritos en la calle, compras compulsivas y también saludos, buenos augurios, deseos de prosperidad, todo lo bueno en esta época, como si el resto del año no fuera necesario.
Vecinos, colegas, y hasta desconocidos que comienzan a desear felicidades apenas  pasados unos días del mes de diciembre, por las dudas y por si el resto de los veinticinco días que faltan, no nos ven o no nos cruzan. Fecha de reencuentros, brindis, cenas y despedidas. Con el fin de año se instala también la culpa, pretendemos solucionar en veinte días lo que no logramos en once meses.
Ciclos para el Balance, borrón y cuenta nueva. Esperamos que el cambio del calendario nos traiga alguna esperanza y  renovamos el almanaque con la misma alegría que el escolar lo hace cuando comienza un cuaderno nuevo. Esperamos impacientes y también le adjudicamos alguna cábala el éxito del año entrante.
Momentos para romper la dieta (de todo tipo) porque cualquier abstinencia se supera, fechas para brindar sin excusas. Días para hablar de más, llamar de más, y esperar mensajes que no llegan.
Obsequios navideños, auto-regalos y estreno de vestidos anticipado. Tradiciones que se repiten año a año. La bombacha rosa, la ensalada de frutas, el Vitel Toné, las doce nueces después de las doce, el perro debajo de la mesa, el borracho de siempre y la pregunta infaltable de la abuela “¿ Nena, para cuándo un novio?”.
Es que ¡Por favor! ¿Si la nena está sola, tiene que ser siempre motivo de charla familiar? Si, lo es, y como acusado en el estrado terminamos dando explicaciones del porque de nuestras desdichas amorosas. ¡Nos miran con la mirada fija, impertérrita pero inquisitoria y vaya a saber uno que piensan!
Por mi parte yo ya lo tengo solucionado. Este año le pedí a Papá Noel que me traiga un novio, mi abuela se lo pidió a San Antonio, pero Uds. saben que yo soy atea y no creo en esas cosas. Le escribí una carta, sin más preámbulos de que necesito alguien que me quiera, también le pedí a Santa que lo envuelva para regalo, pero que no olvide poner el ticket de cambio, no sea cosa que no me quede y tenga que igual conservarlo.
Por ahora no hay noticias, pero seguramente se le quedó el trineo en algún sitio o dejó el paquete en otro árbol. Si alguien encuentra un novio a la deriva, ya saben, es el que Santa me prometió y se dejó olvidado. No vayan a pensar que lo estoy necesitando, solo es que no quiero encontrarme un año más dando explicaciones y obviamente sin un agasajo.
De todas formas y ante la falta de respuesta del gordito, estoy barajando otra posibilidad, que nada tiene que ver con la torpeza de un bonachón de barba, y es que tal vez yo no me haya portado tan bien como pienso, por lo que posiblemente no merezca mi regalo.
Pero entonces….¡¿Sabes que Santa Claus, Papá Noel, San Nicolás?! o cómo demonios te llames. ¡No sabes con quien te metiste, no hay nada peor que prometerle algo a una mujer y no cumplirlo! No hay nada mas fatal que dejar a una mujer sin su regalo!
¡Sos igual a todos! ¡Hombre tenias que ser!
Lolita

sábado, 17 de diciembre de 2011

Sensualmente ridícula


¿Quién no quiso seducir alguna vez? ¡Qué digo! ¿Quién no quiere seducir todo el tiempo? Y está bien, así tiene que ser, la sensualidad es nuestra marca registrada. Todas seducimos, y la seducción aquí nada tiene que ver con la sexualidad. Seducimos en el trabajo, tratando de que vean nuestros avances, seducimos a un profesor, seducimos en el Súper, esperando un colectivo y en cualquier ámbito, siempre que nuestros prejuicios lo permitan. Hablo de la seducción como una posibilidad de mostrar lo mejor de nosotras.
Tampoco estoy hablando de belleza física, la seducción nada tiene que ver con eso, no necesito unas buenas piernas para mostrarme. Bueno ¡Esta bien! Es verdad que las buenas piernas a veces consiguen las cosas más rápido, pero no siempre es de la mejor manera.
La sensualidad como parte de nuestra femineidad es necesaria, para sentirnos muy mujer, para nosotras, para nuestra autoestima. Sensual es alguien que apenas siendo uno mismo llama rotundamente la atención.
Pero esto no nos alcanza. A veces también queremos ser sensualmente sexys y si del amor al odio hay un solo paso, de lo sexy a lo ridículo hay un pequeñísimo empujón. De esos que si te descuidas te tiran de la cama. Me refiero al arduo trabajo femenino de ser sexys aunque claudiquemos en el intento.
Desplegamos toda nuestra artillería pesada, conocemos nuestras mejores armas y allá vamos. Sabemos que pantalones nos levantan la cola, cuales no nos aprieta la cintura, si es mejor un buen escote o una simple remera de hombros caídos. Pelo suelto o atado. Maquillaje feroz o parecer a cara lavada.  Cada ocasión tiene su opción, pero ninguna opción para nosotras es casual.
Lo importante es llevarlo con altura y que no parezca que lo estamos intentando. Si el hombro de la remera insiste en volverse, lo colocamos una y otra vez en el sitio que creemos fatal. Si el pantalón no nos aprieta la cintura pero nos está estallando las caderas, solo que hay que intentar respirar. Pelo suelto: ¿El viento lo despeina? Comentemos que el estilo salvaje es el último grito de la moda!
¡Qué difícil es ser sexy cuando serlo se convierte en un trabajo! Pero ellos no tienen porque saberlo. Por ninguna razón pensemos que estamos siendo ridículas. Más aún si el ridículo es a puertas cerradas. Ese momento, en que tengo la necesidad de ser sexy, es mío y en tal caso lo comparto con él. Nadie me ve, y eso me hace sensualmente impune. Dejo mis tabúes guardados en la mesita de luz.
Cuando la Caja de Pandora se abre a nosotras mismas nos sorprende y a ellos seguramente los deje aturdidos por unos minutos. Pero un instante después, el ridículo se transforma en una extravagante muestra de sensualidad, que seguramente los dos disfrutemos.    
El punto está en creérselo. El éxito está en sentirnos atractivas. Para mi ser sexy es una estado no una cualidad.
Lolita

lunes, 12 de diciembre de 2011

Fisgoneando mi perfil


Soy una mujer pública. Si! Como escuchaste. Una mujer de la calle no! Una mujer pública. Me refiero a que soy conocida, que la gente se interesa en mí,  que quieren saber de mi vida privada...Famosa, en una palabra. Siempre pensé que mi nivel de popularidad adolescente había sido suficiente, pero estos últimos años el crecimiento de mis amistades y contactos parece ir en ascenso.
Conozco a muchos, a otros los vi de vista, y a algunos más arriesgados jamás le vi la cara, sin embargo están ahí, latentes, expectantes, hambrientos de información jugosa y de primera línea que pueda ser una bomba explosiva en otra oportunidad. Al acecho de cualquier indicio que les permita luego confirmar mis triunfos e infortunios
Saben cuándo es mi cumpleaños, si cambié mi color de pelo y si este año me voy de vacaciones al mar o a las montañas. Son la versión virtual de Doña Rosa barriendo la vereda. Sin embargo, ¿Qué haría sin ellos? ¿En qué aburrido mundo de conocidos repetidos se convertiría mi vida? Por eso los necesito tanto! A ellos me debo, a mi público, mis agraciados fans anónimos. Mis queridos contactos. Mis seguidores. E incluso mis infaltables  y tímidos testigos oculares de perfiles.
Si! Ellos! Que no tienen la confianza suficiente para solicitar mi amistad y se conforman con visitar eventualmente mi perfil para saber cómo estoy, si soy feliz, si estoy de novia, si estoy sola, si engorde, si adelgace, si tengo la cara llena de granos o si se me cayó el pelo y me quedé pelada.
Asi, soy blanco seguro de despechadas, de amantes, de melindrosos, de galanes, fisgoneros, envidiosos,  viejas amistades y hasta de antiguos amores. Calman su sed de curiosidad con estáticos retratos de mi vida. Creen saber de mí con sólo ver una sonriente imagen de presentación. No importa sino confirman a ciencia cierta lo que descubren de mí, lo que no saben lo inventan y lo que inventan lo difunden.
Si supieran que esa vida es de mentira, que mi verdadera vida está en otro lado, que soy más bonita cuando me río en persona, que lloro mucho aunque en ninguna imagen eso se note, que huelo siempre a perfume, porque amo los buenos perfumes. Que tengo ojeras que me maquillo y que nunca subo una foto en donde se me note la panza. Que mi voz es aniñada y que cuando quiero también es muy dulce.
Si ellos supieran que apenas muestro una pequeña parte, que es de utilería, de cartón corrugado pintado de fama. Si se dieran cuenta que tengo una vida mucho más compleja allá afuera, pero es más linda y es mía. Que no comparto así porque sí. Una vida que tiene configuración de privacidad con acceso restringido solo a personas que me quieren y respetan.
Si ellos se dieran cuenta que tienen su propia vida dejarían de perder el tiempo suponiendo cosas de la mía…
Mi vida es mía y aunque parezca pública, algunos pocos la conocen auténticamente. El resto sólo cree conocerla.
Lolita