viernes, 9 de diciembre de 2011

Cambiando los hábitos


Deje de fumar o es lo que intento hacer desde hace algunas semanas,  porque fumar un cigarrillo prestado un sábado por la noche para mí no cuenta.  Lo importante es que ya no me compro los paquetes y eso es lo que vale. Ya no tengo el vicio arraigado y todas esas frases repetidas que me digo a mi misma para convencerme que tengo mucha fuerza de voluntad.
El punto de todo esto es que no pude dejar de relacionar este evento con mis relaciones sentimentales… ¿Otra vez con los hombres? Y si, para que les voy a mentir. Lo hubiera dejado pasar, pero realmente todo esto es algo más que cambiar un mal hábito.
Siempre, salvo algunas excepciones, salí con chicos (iba a poner hombres, pero me pareció un poco mucho) no fumadores.  Llámese casualidad o inconsciente selectivo, pero así es.  Lo sorprendente es que pareciera que yo buscara personas que no fuman y arengar de esta forma a mi voluntad para dejar de fumar.
Se, aún siendo fumadora, que no hay nada más desagradable que oler a tabaco. Por eso, y en línea con mi sentido de la estética, no fumo el día que voy a salir con alguien.  Una costumbre rara, pero que se vuelve costumbre también para ellos, haciéndoseme imposible volver a fumar cuando ya hay más confianza.  
En definitiva, conozco a alguien y dejo de fumar.  Como si cambiara un vicio por otro. Ya no necesito  el cigarrillo, y sentirme acompañada por alguien hace desaparecer mi ansiedad, o mejor dicho, la deposita en otra cosa. Quizás la respuesta sea que empiezo a sentirme bien conmigo misma, que me hacen sentir bien y rechazo todo lo que daña mi cuerpo.
Ahora bien, esto ya es pasado.  Algo cambió. Todas estas concepciones creadas por mi misma se desvanecieron desde el momento que noté que dejé de fumar, pero que tampoco estoy con alguien. ¿Qué está pasando? Pensé. Algo no anda bien, me manejé así durante los últimos diez años, de un día para el otro sin previo aviso nadie puede cambiar  las rutinas de su vida porque si.
Haber tomado la decisión de dejar el cigarrillo, solo porque tengo ganas de dejar de fumar es algo nuevo para mi, al punto de no reconocerme, me desconcierta. Pienso, pienso y pienso y la tarea del autoanálisis se vuelve radical por estos días.
Hasta que de pronto sale del inconsciente y se manifiesta: Hacer algo por uno mismo, no tiene más sentido que eso, hacerlo para uno mismo.
¡Qué gran alivio! ¡Al fin! Es eso: Estoy sola, no fumo, y a pesar de todo eso estoy feliz. No necesito a nadie para tomar las decisiones de mi propia vida. Tengo mi propia vida y no enloquecí en el intento.  Mi cuerpo se siente bien, yo estoy bien y seguramente se note.
Hice algo más que dejar de fumar, dejé de depender, y eso es lo que cuenta.
Buscar la felicidad y la satisfacción en otra persona y no en uno mismo, es el peor de los hábitos. Depender, es el más peligroso de los vicios.
Lolita

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