sábado, 17 de diciembre de 2011

Sensualmente ridícula


¿Quién no quiso seducir alguna vez? ¡Qué digo! ¿Quién no quiere seducir todo el tiempo? Y está bien, así tiene que ser, la sensualidad es nuestra marca registrada. Todas seducimos, y la seducción aquí nada tiene que ver con la sexualidad. Seducimos en el trabajo, tratando de que vean nuestros avances, seducimos a un profesor, seducimos en el Súper, esperando un colectivo y en cualquier ámbito, siempre que nuestros prejuicios lo permitan. Hablo de la seducción como una posibilidad de mostrar lo mejor de nosotras.
Tampoco estoy hablando de belleza física, la seducción nada tiene que ver con eso, no necesito unas buenas piernas para mostrarme. Bueno ¡Esta bien! Es verdad que las buenas piernas a veces consiguen las cosas más rápido, pero no siempre es de la mejor manera.
La sensualidad como parte de nuestra femineidad es necesaria, para sentirnos muy mujer, para nosotras, para nuestra autoestima. Sensual es alguien que apenas siendo uno mismo llama rotundamente la atención.
Pero esto no nos alcanza. A veces también queremos ser sensualmente sexys y si del amor al odio hay un solo paso, de lo sexy a lo ridículo hay un pequeñísimo empujón. De esos que si te descuidas te tiran de la cama. Me refiero al arduo trabajo femenino de ser sexys aunque claudiquemos en el intento.
Desplegamos toda nuestra artillería pesada, conocemos nuestras mejores armas y allá vamos. Sabemos que pantalones nos levantan la cola, cuales no nos aprieta la cintura, si es mejor un buen escote o una simple remera de hombros caídos. Pelo suelto o atado. Maquillaje feroz o parecer a cara lavada.  Cada ocasión tiene su opción, pero ninguna opción para nosotras es casual.
Lo importante es llevarlo con altura y que no parezca que lo estamos intentando. Si el hombro de la remera insiste en volverse, lo colocamos una y otra vez en el sitio que creemos fatal. Si el pantalón no nos aprieta la cintura pero nos está estallando las caderas, solo que hay que intentar respirar. Pelo suelto: ¿El viento lo despeina? Comentemos que el estilo salvaje es el último grito de la moda!
¡Qué difícil es ser sexy cuando serlo se convierte en un trabajo! Pero ellos no tienen porque saberlo. Por ninguna razón pensemos que estamos siendo ridículas. Más aún si el ridículo es a puertas cerradas. Ese momento, en que tengo la necesidad de ser sexy, es mío y en tal caso lo comparto con él. Nadie me ve, y eso me hace sensualmente impune. Dejo mis tabúes guardados en la mesita de luz.
Cuando la Caja de Pandora se abre a nosotras mismas nos sorprende y a ellos seguramente los deje aturdidos por unos minutos. Pero un instante después, el ridículo se transforma en una extravagante muestra de sensualidad, que seguramente los dos disfrutemos.    
El punto está en creérselo. El éxito está en sentirnos atractivas. Para mi ser sexy es una estado no una cualidad.
Lolita

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