Sabía que el día que volviera a escribir en Lolita, sería movilizada por mis hormonas. Y como catarsis necesaria, aquí estoy de vuelta en una suerte de honestidad brutal, un mea culpa a las alteraciones femeninas. Es probable que si llevara la bitácora de viaje de mi vida, seguramente resumiría mis grandes conflictos reducidos a simples momentos de transformación hormonal.
Si. Soy hormonalmente inestable, lo que puede traducirse a temperamentalmente inestable, o simplemente hormonalmente temperamental. Soy víctima de mis hormonas, pues si mi cerebro controla lo que hago y digo, y mi inconsciente controla lo que pienso y no hago, entonces mis hormonas directamente hacen lo que quieren conmigo.
Afortunadamente, hoy en día, esta socialmente aceptado. O bien, es una excelente herramienta para excusarse en el mundo femenino, y por lo general los hombres lo aprueban, y entre nosotras está más que claro. Así es como una va por la vida con la ventajosa advertencia, “¡Mira que estoy indispuesta!”, lo que genera una reacción casi mágica! Inmediatamente luego de esa frase las facciones en el otro se relajan y hasta uno tiene la sensación de que dejaron de oírnos, oportunidad en la que nosotras arremetemos y nos despacharnos de peleas, gritos, llantos y embroncadas.
Lo importante es que una sepa en qué momento del mes se encuentra y trate el tema con la misma naturalidad y desenvoltura con que lo hacen los hombres cuando lo advierten: no darle importancia. Y nunca bajo ningún acontecimiento dejar de advertirles a nuestros interlocutores que nos encontramos bajo la influencia de nuestras hormonas.
Somos temperamentalmente inestables cuando, sin necesidad aparente, iniciamos una discusión y además hurgamos en nuestra mente buscando los motivos para iniciarla, cuando damos por sentado que nuestra pareja nos va a dejar, y seguro porque tienen una amante que es mucho más linda. Cuando el mismo jean del día anterior que creíamos que nos quedaba para el crimen hoy nos hace gordas, cuando nos vemos ojeras y no las maquillamos a propósito! Cuando lloramos, por nada, pero por nada, nada de nada! Cuando nos volvemos crudas para decir las cosas… cuando DECIMOS las cosas.
Por suerte para nosotras y la salud mental del que nos rodea, son pocas días al mes, con lo cual es una buena explicación una vez más, de que la naturaleza es sabia, si durara un tiempo superior a lo prudencial una quedaría aislada complemente del mundo civilizado, en una suerte de refugiadas femeninas, todas juntas, arrancándonos los pelos y apartadas de la sociedad.
Siempre hay algo ventajoso, o por lo menos así lo veo yo, estos estados nos libran de toda culpa, “no fui yo, fueron mis hormonas”, les damos a “ellas” identidad y nos escondemos de nuestros dudas y temores. Los “ovarios” está en tener la valentía de volver a soltar lo que pensamos los días en que volvemos a la normalidad.
Lolita
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