Las Fiestas son una época siniestra, hermosa, pero siniestra. Fecha de permitidos, alboroto, cansancio y euforia. La billetera a la orden del día y una promiscua relación con la tarjeta de crédito.
Tiempos en donde uno se siente impune para hacer lo que quiera. Si estamos nerviosos, es por las Fiestas y si saludamos y deseamos felicidad a mansalva, también es por las Fiestas. Corridas, gritos en la calle, compras compulsivas y también saludos, buenos augurios, deseos de prosperidad, todo lo bueno en esta época, como si el resto del año no fuera necesario.
Vecinos, colegas, y hasta desconocidos que comienzan a desear felicidades apenas pasados unos días del mes de diciembre, por las dudas y por si el resto de los veinticinco días que faltan, no nos ven o no nos cruzan. Fecha de reencuentros, brindis, cenas y despedidas. Con el fin de año se instala también la culpa, pretendemos solucionar en veinte días lo que no logramos en once meses.
Ciclos para el Balance, borrón y cuenta nueva. Esperamos que el cambio del calendario nos traiga alguna esperanza y renovamos el almanaque con la misma alegría que el escolar lo hace cuando comienza un cuaderno nuevo. Esperamos impacientes y también le adjudicamos alguna cábala el éxito del año entrante.
Momentos para romper la dieta (de todo tipo) porque cualquier abstinencia se supera, fechas para brindar sin excusas. Días para hablar de más, llamar de más, y esperar mensajes que no llegan.
Obsequios navideños, auto-regalos y estreno de vestidos anticipado. Tradiciones que se repiten año a año. La bombacha rosa, la ensalada de frutas, el Vitel Toné, las doce nueces después de las doce, el perro debajo de la mesa, el borracho de siempre y la pregunta infaltable de la abuela “¿ Nena, para cuándo un novio?”.
Es que ¡Por favor! ¿Si la nena está sola, tiene que ser siempre motivo de charla familiar? Si, lo es, y como acusado en el estrado terminamos dando explicaciones del porque de nuestras desdichas amorosas. ¡Nos miran con la mirada fija, impertérrita pero inquisitoria y vaya a saber uno que piensan!
Por mi parte yo ya lo tengo solucionado. Este año le pedí a Papá Noel que me traiga un novio, mi abuela se lo pidió a San Antonio, pero Uds. saben que yo soy atea y no creo en esas cosas. Le escribí una carta, sin más preámbulos de que necesito alguien que me quiera, también le pedí a Santa que lo envuelva para regalo, pero que no olvide poner el ticket de cambio, no sea cosa que no me quede y tenga que igual conservarlo.
Por ahora no hay noticias, pero seguramente se le quedó el trineo en algún sitio o dejó el paquete en otro árbol. Si alguien encuentra un novio a la deriva, ya saben, es el que Santa me prometió y se dejó olvidado. No vayan a pensar que lo estoy necesitando, solo es que no quiero encontrarme un año más dando explicaciones y obviamente sin un agasajo.
De todas formas y ante la falta de respuesta del gordito, estoy barajando otra posibilidad, que nada tiene que ver con la torpeza de un bonachón de barba, y es que tal vez yo no me haya portado tan bien como pienso, por lo que posiblemente no merezca mi regalo.
Pero entonces….¡¿Sabes que Santa Claus, Papá Noel, San Nicolás?! o cómo demonios te llames. ¡No sabes con quien te metiste, no hay nada peor que prometerle algo a una mujer y no cumplirlo! No hay nada mas fatal que dejar a una mujer sin su regalo!
¡Sos igual a todos! ¡Hombre tenias que ser!
Lolita