Le tengo fobia al jabón con pelos, a la tabla del baño levantada y al lado preferido de la cama. No quiero compartir el ropero y mucho menos donar cajones. Tiemblo al ver dos cepillos de dientes juntos, me niego a diferenciar los objetos entre rojo y azul y no quiero saber en dónde está guardada la ropa interior de otra persona.
Pasar mucho tiempo con uno mismo nos hace, en cierta manera, inflexibles e intolerantes. Me di cuenta que en todo este tiempo me fui convirtiendo progresivamente en la mujer de las cavernas de plena City y cada día acepto menos que se alteren mis planes o mejor dicho modifiquen mis propias reglas.
Aún me queda larga vida, pero dicen que a medida que nos ponemos viejos, nos vamos pareciendo más a uno mismo. Pues entonces yo de niña habré sido un poco intolerante, un poco fóbica y un poco mañosa, porque ahora lo soy del todo.
En rigor de un buen análisis, como cada situación en la vida, existen ventajas y desventajas. Por supuesto vivir sola no escapa a estas clasificaciones, y hay determinadas cosas que para mi que son terribles:
Sola no como sandía. Si, parece ridículo, pero salvo que este en plena dieta de frutas y líquidos, no voy a comprar una sandía para mi sola. Se pone fea, y la tengo que terminar desechando lo cual es una injusticia, sé que puedo comprar media sandía, lo sé, pero odio tener que estar obligada a comer algo sólo para evitar que se eche a perder. Me hace sentir peor, me hace sentir más sola. Conmigo las promociones por kilo no sirven. Compro por unidad. Un tomate; un durazno; dame una planta de lechuga, la más chica, ¿Mas chica?
Otra cosa insoportable de vivir sola es que no tenes a nadie que te alcance un toallón si ya estás en la ducha. Es horrible, en verano bueno ¡Pero en invierno! Salir desnuda y mojada a buscar la toalla es definitivamente un acto de coraje, y de ridiculez obviamente, si alguien estuviera viéndonos desde afuera. Esto me hace pensar la tercera desventaja, y es que no hay nadie para echar culpas, si no hay papel en el baño la culpa es tuya, si te olvidaste la toalla también, si pateaste un trasto en el medio del living y te quedo el dedo gordo latiendo es porque vos lo dejaste tirado.
No hay con quien hablar, obviamente, pero peor que eso, no hay con quien discutir. Y sin discusión no hay reconciliación. Además ya estoy cansada de pelearme conmigo misma, no me aguanto y si no fuera que soy mujer, algunas veces me daría algunos sopapos.
Sin embargo, también hay cosas de la convivencia unipersonal que son únicas. Y por lo tanto se disfrutan. Horarios flexibles, comida flexible, claro, todo es flexible porque es uno mismo con sus propias reglas. No rindo cuentas a nadie, no doy explicaciones de mi tiempo perdido y pongo el canal de televisión que a mi me gusta. Duermo en el medio de la cama y si quiero me destapo y si no quiero duermo con cinco frazadas. Hago sonar el despertador nueve veces antes de levantarme y tardo lo que se me antoje en la ducha. Desayuno hasta las dos de la tarde en la cama, y el domingo no me baño.
Algunas personas le temen abandonar su casa de la infancia e independizarse, y parece un miedo mas entendible, la gente lo ve lógico y hasta lo consideran una cuestión de instinto: “abandonar el nido es movilizante”.
¿Pero cuando el nido, es el propio nido que uno se armó para si mismo? Ahí los quiero ver. Compartir la vida con otra persona no es moco de pavo, siguiendo con el sentido avícola de la cuestión, y yo tengo demasiado trabajo compartiéndome y aguantándome a mi misma como para tener que estar en la vida de otra persona. Ni pensar que el reloj biológico llama y tener que hacerlo con un tercero.
Si abandonar el nido es movilizante, entonces formar un nuevo nido, a mi entender, es estresadamente paralizante.
Lolita
Eh jejejejeje muy bueno!
ResponderEliminarbuenisimo jajaja
ResponderEliminarGracias por los comentarios!! Sdos
ResponderEliminar