jueves, 17 de noviembre de 2011

Afrodita no me escucha


Soy atea, lo cual me genera dos limitaciones, por un lado la imposibilidad de solicitar favores divinos y por el otro, no poder dar parte de mis problemas al que, según dicen algunos, nos mira desde arriba. De todas formas yo hago ofrendas a los Dioses, es decir, pequeños sacrificios mortales que me permitan luego pensar que alguna fuerza sobrenatural conspira en mi favor.

Asi por ejemplo, si espero que él me llame, ese día no me depilo. No estar lista o preparada para un encuentro, hace aumentar las probabilidades de ese llamado. De lo contrario, y no sé porqué  absurdo artilugio del destino, de tener la lejana esperanza de que el teléfono suene con un mensaje, y decidir estar lista por si acaso, lo más probable es que terminemos con un pote de helado, mirando “Ghost la sombra del amor” y llorando, pero de impotencia, en la cama.
Si llegado el caso, Afrodita escuchara mis plegarias, entonces resumiré en una hora lo que normalmente a las mujeres nos lleva cinco, dejando a mi paso, maquillaje, planchitas y ropa desparramada por doquier.
Decir que la histeria ahora es masculina es caer en un cliché. No, lo que ocurre es que se cambiaron los roles del “generemos expectativas”, y somos tan evidentes que nos leen las intenciones a través de un mensaje. Su confianza les roza el egocentrismo.
Quiero volver a esos viejos tiempos, si es que hubo viejos tiempos, en donde las esperanzas las generábamos nosotras, donde nos tenían que descubrir. Quiero ser esperada, quiero tener el control, quiero estar lista y que me llamen. Quiero ver sonar mi teléfono y tener la posibilidad, solo un rato, tan solo unos minutos de hacerle creer al otro que no me tiene.
¿Por qué me parece que eso pasó en algún momento y ahora ya no ocurre? ¿Ya no ocurre porqué no son suficientes las ofrendas? ¿Tendré que pasar todo el verano sin depilarme, sin la posibilidad de usar pollera, para cumplir con absurda empresa? Nah!, ya no ocurre, porque estoy dejando librado al azar mis ganas de ver a alguien, porque estoy permitiéndole generarme expectativas.    
Hay algo que tengo que tener presente, la decisión la tomamos las mujeres. Siempre. Para decir que sí o para que decir que no. La única diferencia es que muchas veces el no llega después de un tiempo, cuando nos cansamos y decepcionamos de tantos mensajes vacios. No importa, rescato que aún así, la decisión descansa sobre nosotras.   
Lolita

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