No es que existan dos clases de hombres, sino que dada una determinada categoría, o son uno cosa u otra, no hay grises, ningún hombre es un poquito de algo y otro poquito de lo otro. Así por ejemplo, en relación a su madre, o son completamente dependientes de ésta o no lo son.
A mí me toco el primer caso. Bueno, en rigor de verdad, me tocaron los dos, sólo que habiendo pasado por las dos experiencias, note que de llegar a elegir, siempre, siempre, hay que elegir al materno in-dependiente.
Claro, ahora escucharlo suena obvio, pero recién, luego de una experiencia noviazgo-maternal uno puede tomar dimensión del desgaste de energías y tiempo en las que se trata de entender a esos dos seres, que permanecen atados al cordón umbilical del control y la culpa, y siguen retroalimentándose de necesidades que pudieran haberse satisfecho ya en la adolescencia.
En un primer momento hasta causa ternura, no voy a negarlo. Verlo cuidar a su madre, considerarla, pedirle ayuda, es tierno. Uno piensa, que lazo perfecto de amor y protección los une! si ama a su madre así, es un hombre capacitado a amar a cualquier persona. Desborda bondad! Es perfecto! Seguro tendremos hijos que serán igual que él, seremos la familia perfecta!
Pero el velo de ilusión se corre, y de pronto, no se entiende como, nos vemos envueltas en la santa trinidad de la madre, el hijo y el espíritu paciente de la novia bondadosa.
No lo intentes, ni se te ocurra hacérselo notar. Simplemente no lo ven, o si, pero creen que es perfectamente normal. Y en ese contrato infranqueable de madre-hijo sos vos la que no cumple con las cláusulas y quedas fuera. - ¿Por qué? - ¿Qué tiene de malo que mamá sale mi comida y sepa cómo me gusta condimentar mi ensalada? - No hay nada de raro en que ella prepare mi bolso de viaje! Si, no me compro ropa, no me gusta elegir, prefiero que lo haga ella! - Necesito llamarla, quiero saber que tomar si me duele la cabeza. – Es mamá, apártate un momento que tengo que atenderla.
El primer reflejo es intentar una sutil competencia. Qué gran error! No hay manera ni forma de competir, de hecho no existe competencia, no está ni planteado de parte de ellos. La pelea es unilateral, te peleas con vos misma, entre aceptar la relación o desbordar en un ataque colérico de acusaciones inútiles y que además te serán rebotadas.
Hay que aceptar la derrota, la contienda está perdida antes de empezar la batalla. Pero algún día nosotras también tendremos hijos varones y ahí tomaremos revancha.
Lolita
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